Regalar una sesión de fotos a quien no le gustan las fotos

- ¿Por qué a tanta gente no le gusta salir en las fotos?
- ¿Es buena idea regalar una sesión de fotos a alguien que dice que no?
- ¿Qué cambia cuando no hay ningún fotógrafo en la sala?
- ¿Sesión sin fotógrafo o sesión con fotógrafa: cuál le encaja mejor?
- ¿Se la reservo yo o le doy la tarjeta para que elija?
- ¿Cómo se lo doy sin que suene a imposición?
Respuesta corta: Sí, se puede regalar una sesión de fotos a quien dice que no, si eliges un formato donde nadie le mire. Lo que incomoda no suele ser la foto, sino tener a alguien delante diciéndole cómo ponerse. En la sesión sin fotógrafo de YOULO (Eixample, Barcelona) entra con hasta cuatro personas, pone su música, se cambia de ropa y dispara con un mando; las fotos son el recuerdo del rato. Desde 60 €, con dos años para decidir.
¿Por qué a tanta gente no le gusta salir en las fotos?
Porque no se reconoce, y eso tiene una explicación bastante concreta. Mita, Dermer y Knight demostraron en 1977 algo que sigue vigente: cada persona prefiere de forma fiable su imagen especular, la del espejo, mientras que sus amigos y su pareja prefieren la imagen real. Esa persona a la que quieres hacerle el regalo lleva toda la vida viendo una versión de su cara. La cámara le devuelve la otra, la que ve todo el mundo menos ella.
Encima, el listón está trucado. En un experimento de Epley y Whitchurch (2008), los participantes tenían que localizar su propia cara entre variantes ligeramente modificadas, y elegían de forma sistemática una versión mejorada de sí mismos: hasta un 13% por encima de la real. El detalle interesante es el otro dato del mismo estudio. Con la cara de un amigo el sesgo también aparecía, alrededor del 10%, y con la de un desconocido caía al 1,3% y dejaba de ser significativo. Es decir: quien la quiere la ve igual de mejorada que ella misma. Lo que tú ves cuando miras su retrato no se parece a lo que ve ella.
El problema no es su cara, es el fotograma
Hay un tercer factor, y es puramente técnico. Post, Haberman, Iwaki y Whitney (2012) bautizaron el frozen face effect: extrajeron fotogramas sueltos de vídeos de caras hablando y pidieron valorarlos. El 91% de esas imágenes fijas salió peor valorado que el vídeo del que procedía. Conviene tomárselo con calma, porque las muestras eran pequeñas, de cuatro a diez personas por experimento. Pero encaja con algo que cualquiera ha vivido: en movimiento la cara tiene margen, y una foto congela un milisegundo elegido al azar.
Y luego está el efecto foco descrito por Gilovich, Medvec y Savitsky en el año 2000: damos por hecho que los demás se fijan en nuestro aspecto mucho más de lo que realmente se fijan. Sumado todo, la conclusión no es que a esa persona le pase algo raro. Es común, es automático y no habla de cómo es, sino de la distancia entre lo que espera ver y lo que aparece en la pantalla.
«No existen personas feas, lo que sí existen son fotógrafos con manitas torpes.» — Tami, fotógrafa en Wonderstory y creadora del proyecto YOULO
Conviene separar dos problemas que suelen ir juntos. El encuadre torcido, el gesto pillado a destiempo, la luz que aplana: eso se arregla con oficio, y es a lo que se refiere Tami. La incomodidad de sentirse observado, con alguien delante decidiendo el momento, es otra cosa distinta, y esa no se arregla con más oficio: se arregla quitando la mirada de la sala.

¿Es buena idea regalar una sesión de fotos a alguien que dice que no?
Depende de cómo se lo plantees. El riesgo real de este regalo no es que sobre: es que suene a corrección. "Te regalo fotos para que te veas guapa" es una frase con un juicio dentro, aunque no lo pretendas. En cambio "te regalo un rato en un sitio donde no hay nadie mirando, ve con quien quieras" es un plan, no una lección.
Además, el tiempo juega a favor. Chan y Mogilner, en el Journal of Consumer Research, compararon regalos de experiencia con regalos materiales y encontraron que los primeros mejoran más la relación entre quien regala y quien recibe. El mecanismo importa: la mejora viene de la emoción que se vive durante la experiencia, no del momento de abrir el paquete. Y funciona igual aunque quien regala no participe. Traducido a este caso, no hace falta que estés tú allí ni que sea la semana que viene.
Quítale la fecha límite y le quitas la presión
La parte que convierte el regalo en obligación suele ser el calendario. Por eso conviene mirar la letra pequeña antes de comprar. Nuestros bonos regalo tienen dos años de validez desde la compra y admiten cambios de fecha sin límite, así que nadie tiene que apuntarse un día en el calendario para no perder el regalo. Si quieres el detalle de qué incluye exactamente y cuánto vale cada bono, está en su propio artículo, igual que la pregunta de si las tarjetas regalo caducan en España.
Dos años son suficientes para que alguien pase de "ni de broma" a "va, este sábado", y esa transición no la fuerzas tú.
¿Qué cambia cuando no hay ningún fotógrafo en la sala?
Cambia justo lo que molesta. En la sala de YOULO en Barcelona no hay nadie dentro: entráis vosotros y ya está, hasta cuatro personas en el precio de la sala. Se pone la música que traigáis, se abre el armario de atrezo, se cambia de ropa, se prueban poses ridículas, os reís, y el disparador es un mando a distancia que sostiene alguien del grupo. Al salir os lleváis cientos de fotos el mismo día, directas al email. Las fotos son el trofeo del rato, no el motivo por el que habéis entrado.
Hay un detalle que resuelve media objeción por sí solo: delante de la cámara hay un espejo. Se ve cómo va a salir la foto antes de dispararla, así que no es un "a ver qué sale". Y se repite tantas veces como haga falta dentro del tiempo de sesión, sin que nadie opine sobre cuál vale.

Estamos en Ronda de la Universitat 33, en pleno Eixample, a unos minutos andando de Plaça Catalunya, y funcionamos desde 2019 con 558 reseñas y una nota media de 5,0. Se entra en grupo o en pareja, se ocupa la sala el rato que hayáis reservado —20 minutos por 60 €, o los formatos de 40 y 60 minutos si queréis más margen— y se sale con las fotos del día en el email. En los tres entran hasta cuatro personas; a partir de ahí, en los dos formatos largos, cada persona de más son 15 €. Si el regalo es para dos, el formato de pareja es el caso más habitual de esta duda.
Como cuenta Bárbara Letícia en su reseña en Google:
"La experiencia en el selfie studio ha sido una pasada. A mi y a mi marido nos ha encantado. Para quienes tienen un poco de verguenza o no le mola mucho esto de posar, va de fabula. Hicimos nuestro ensaio, con musica de fondo, un monton de accesorios para darle un toque chulo. Repetiremos SEGURO! Lo recomiendo"

¿Sesión sin fotógrafo o sesión con fotógrafa: cuál le encaja mejor?
No todas las incomodidades son la misma, y de ahí sale la decisión. En Barcelona tienes las dos opciones a la misma dirección del Eixample, así que la pregunta no es dónde, es qué le quita el problema. Antes de comprar, piensa qué frase le has oído decir a esa persona.
Elige sesión sin fotógrafo si
- Lo que le incomoda es que alguien le mire y le dirija.
- Quiere poder borrar y repetir sin que nadie opine.
- Le da vergüenza posar delante de un profesional.
- Prefiere ir con gente de confianza y reírse con ellos.
Elige sesión con fotógrafa si
- Lo que le incomoda es no saber qué hacer con las manos y agradecería que alguien le guíe.
- Quiere pocas fotos, pero muy cuidadas.
- Es un momento marcado en el calendario: un embarazo, un recién nacido.
- Se fía más del criterio de un profesional que del suyo.
Ese segundo perfil existe, y es más frecuente de lo que parece. Mucha gente no rechaza la cámara, rechaza la incertidumbre de no saber qué se espera de ella.
«Por mucho que te dé vergüenza la cámara, te aseguro que acabarás relajándote en mi sesión de fotos de embarazo.» — Tami, fotógrafa en Wonderstory y creadora del proyecto YOULO
Si después de leer las dos listas sigues sin tenerlo claro, el bono Clásico de 80 € sirve para las dos cosas —sesión sin fotógrafo y sesión con fotógrafa— y la decisión se la pasas a quien lo recibe, que es quien mejor sabe qué le da corte. Eso sí, con matiz: en una sesión sin fotógrafo de 40 minutos el bono la cubre entera, mientras que las sesiones con fotógrafa arrancan en 200 €, así que ahí el bono funciona como parte del pago y la diferencia se abona en el estudio.
¿Se la reservo yo o le doy la tarjeta para que elija?
Es la segunda decisión y no depende del formato, sino del carácter de la persona. Las dos opciones son legítimas; lo que cambia es quién marca el ritmo.
Resérvale tú la sesión si
- Vais a ir juntos y el plan forma parte del regalo.
- Conoces su agenda y sabes que hay un hueco que le encaja.
- Sabes que, dejándolo a su aire, lo pospondría para siempre.
Dale la tarjeta si
- Necesita tiempo para hacerse a la idea, que es lo habitual con este perfil.
- Quieres que elija con quién va y qué día le apetece.
- Prefieres que la decisión sea suya: devolverle el control es exactamente lo que baja el rechazo.
Bono abierto o sesión cerrada
Si eliges la tarjeta, conviene saber qué estás regalando exactamente, porque hay dos cosas distintas. Un bono regalo es saldo: dinero guardado a su nombre, que se descuenta del total como si fuera efectivo. Los hay de 60, 80, 100 y 160 €, y sirven igual para una sesión sin fotógrafo que para una con fotógrafa.
En la práctica funciona así. Si elige una sesión del mismo importe que el bono —el de 80 € sobre la sesión de 40 minutos, por ejemplo—, no paga nada más. En cambio, si se anima con un formato más largo, va con más gente o suma retoques, la diferencia se abona en el estudio al terminar. Pasa en una de cada cuatro tarjetas que se canjean, así que conviene decirlo.
Por eso el bono es la opción flexible: quien lo recibe decide qué hacer con ese dinero. Y si prefieres que no quede ninguna cuenta abierta, la Sesión de familia de 350 € es el producto cerrado del catálogo: noventa minutos con fotógrafa, cubiertos enteros pase lo que pase con el precio de la sesión, y además no caduca. Los extras opcionales —galería, una persona de más, vídeo— van aparte. Flexibilidad o cuenta cerrada; las dos son defendibles, pero mejor elegir a sabiendas.

¿Cómo se lo doy sin que suene a imposición?
Al entregarlo, describe el sitio y no a la persona. Algo tan simple como "es una sala privada en el centro de Barcelona, no hay nadie dentro, el mando lo llevas tú y puedes ir con quien quieras" ya reordena la conversación: deja de hablar de su cara y pasa a hablar de un plan. Si aun así le preocupa no saber qué hacer delante de la cámara, hay siete poses naturales que funcionan sin ensayar y se aprenden en dos minutos.
Y no le pongas fecha. Los dos años de validez están precisamente para eso: puede tardar seis meses en decidirse sin que nadie le recuerde nada, y cuando por fin se anima va porque le apetece a ella, no porque tú estabas esperando. Esa diferencia se nota nada más entrar en la sala.
Así que sí, se puede regalar una sesión de fotos a alguien a quien no le gustan las fotos. Solo hay que quitar de la sala lo que le molesta. Aquí tienes cómo funciona la tarjeta regalo de YOULO y aquí la sesión sin fotógrafo en Barcelona, con horarios de lunes a viernes de 10:00 a 20:00, sábados hasta las 19:00 y domingos hasta las 16:00.
Tami · Fotógrafa en Wonderstory y creadora del proyecto YOULO
Llevo más de 7 años fotografiando familias y embarazos en Barcelona.